domingo, 25 de enero de 2009

Solamente una bolsa de arroz

Primera Parte

Ella llegó sorpresivamente, jadeando un poco. La puerta al abrirse permitió que la luz entrara a la oscura habitación. Solo pudo ver unos pies que se alejaban furtivamente, la criatura gruñía.
La mujer suspiró, había estado preocupada porque en dos días no había alimentado a su prisionero. Tiró una bolsa de arroz sin cocer al suelo, y cerró la puerta.
Por fuera de la habitación revisó que la llave de paso que surtía agua siguiera abierta. La tabla de madera puesta en la ventana seguía igual. El terreno era amplio, la casa estaba enmedio y al fondo se encontraba un cuarto blanco, en el cual un arbol de aguacate siempre hacía sombra.
En este poblado llovía constantemente, por lo que el cuarto se encontraba frío y humedo. Con las condiciones necesarias para que la criatura viviera.
Ella alcanzo a escuchar como la bolsa de arroz era desgarrada, y su contenido esparcido por el suelo, por el sonido podía imaginar como la criatura colocaba su enorme cabeza plana en el suelo, sorber el arroz con su trompa como popote, el sonido era casi igual a cuando una llave de agua se encuentra tapada.
La mujer regresó a su casa, ventilada con grandes ventanales. Ingresó por la puerta de atrás, una puerta corrediza de vidrio. Junto a la puerta tenía una zapatera, se colocó unas pantunflas, para no rayar el piso de madera de casi toda la casa. Se miró en el enorme espejo frente al comedor, se dijo- "que feas ojeras" - llevaba dos días de juerga, vacacionando, olvidando su única responsabilidad. Pero ella sentía que esas pequeñas vaciones eran bien merecidas.
Decidió prepararse un baño de burbujas, con velas aromáticas recien compradas y una botella de vino. Se desnudó y observó con cuidado su cuerpo frente a un enorme espejo de cuerpo entero, su cabello lacio y rubio a pesar de los días de juerga conservaba el volumen, su cuerpo era casi perfecto, al menos para su punto de vista, a pesar de la edad, ella conservaba su piel tersa y senos turgentes. - "Descansaré esta tarde y mañana temprano me voy al gimnasio"- Ya que en 3 días llegará el momento de despepitar a la criatura.
---

Solamente una bolsa de arroz...2

Segunda Parte

Los aullidos no son perceptibles desde el exterior, unicamente si se esta cerca del cuarto humedo. La dama aguarda vestida con un overol de jardinero, poda tranquilamente algunas plantas de su jardín. Cuando los aullidos cambian a gemidos, será hora de remover las pepitas.
Atardecía cuando, los gemidos comenzaron, a ella no le gustaba trabajar con poca luz, pero no podía esperar más tiempo, las pepitas deberían estar listas en poco tiempo, "el tiempo no puede perderse, es el recurso más valioso que se tiene, sin embargo el más intangible y poco comprendido."
Extrañamente, era una noche con muchas estrellas, la lluvia había decidido descansar. La puerta crujió al abrirse. La criatura corrió se refugió en un rincón. Ella se acerco pesadamente, con paso lento. Tomo a la criatura de una pierna, ofreció esta poca resistencia ya que se encontraba débil, debido a su cabeza plana, era fácil sujetarla, la dama tomó un gran picahielo y lo hundió de un golpe certero en la cabeza, inmovilizando a la criatura.
A continuación procedió a cortar las pepitas que sobresalían de la espalda de la criatura, eran unas semillas verde oscuro, ovaladas, como del tamaño de un pepino, aunque muy delgadas, con unas tijeras de podar era fácil cortarlas, aunque el escurrir de la sangre era inevitable, las semillas estaban adheridas a la carne. Criatura lloraba.
Al fondo del patio, por fuera del cuarto humedo, se encontraba una estufa antigua, que funciona con carbón. Ahí ella incineraba el overol, inutil sería lavarlo. Ella colocó una bolsa de arroz más en el cuarto humedo, necesitaba que la criatura recuperará un poco fuerza.
Las pepitas en un medio adecuado crecerían hasta convertirse en unas setas enormes, con sabor a carne de cocodrilo y almendras, lo único malo es que una vez cortadas y en refrigeración solo perduran frescas por un par de días, por lo que son muy apreciadas, tanto que es posible cobrar una fortuna por unos pocos kilos de las setas.
Cada que recibe un cheque, ella recuerda el día en que le dijo a su marido: "No me has dado la vida que yo quiero, gusano ingrato, pero algún día viviré de tí, te lo juro".


fin

sábado, 3 de enero de 2009

Como se permite que los pajaros vuelen? Quien les otorga el espacio áereo?